El verano se va, pero viene el otoño. Quizá Elena vuelva.
Elena tampoco está en la habitación. La cama está perfectamente hecha, las cortinas abiertas dejando entrar la brillante luz del sol, la maleta de Mihai continúa sobre la cómoda donde la dejó. Sin embargo, la maleta de Elena no está. Tampoco sus cosas sobre la mesilla de noche. Abre el armario, las perchas están vacías, las perchas cuelgan desangeladas, abandonadas sin dueño. Elena se ha marchado.

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